Bloques de vivienda o la vivienda como bloque de construcción

Escrito por: Alejandro Hernández Gálvez

Ilustradores: Rojkind – Ortiz – Hernández Gálvez

Entender a la vivienda no como una unidad en el sentido de algo completo y cerrado sino más bien como una parte, un elemento de un complejo mayor es sin duda una de las características de la arquitectura moderna. Si bien los romanos ya construían bloques de vivienda y se podría imaginar al castillo de Chambord en el valle del Loira como cierto tipo de multifamilar, es ya en el siglo XIX que la vivienda se entiende claramente como bloque de construcción, en casos tan opuestos como las intervenciones urbanas del barón de Haussmann o el falansterio de Fourier. En las primeras décadas del siglo XX, proyectos de arquitectos como Le Corbusier o Hilberseimer, seguirán claramente en esa dirección: la vivienda es pensada como un elemento constructivo de piezas que funcionan a una escala mayor, urbana.

En México, cuando Juan Legarreta ganó a los 30 años, en 1932, el concurso convocado por El muestrario de la construcción moderna para el diseño de una casa obrera, se trataba de resolver el problema de la vivienda para un grupo que la requería de manera apremiante, aquellos quienes entonces empezaban a engrosar, trasladándose desde el campo, el número de los habitantes de la ciudad. Pero el proyecto de Legarreta, además de tener una dimensión arquitectónica, la vivienda, tenía otra urbana aunque planteada con cierta timidez. La agrupación de viviendas alrededor de un núcleo de manzana compartido y vacío, generaba al menos tres tipos de espacio: el público del parque central, delimitado por manzanas tradicionales, el privado de la vivienda y el comunitario del centro de manzana. En la zona de Balbuena, se construyeron 108 de las viviendas de Legarreta y otros dos conjuntos más.

Diez años después, en 1942, Hannes Meyer, el arquitecto suizo quien fuera tras Walter Gropius el segundo director de la Bauhaus, de 1928 a 1930, y quien vivió en México en la década de los años 40, hizo un proyecto, en Lomas de Becerra, en el que 2000 unidades para obreros se agrupaban en barras de 4 niveles de altura separadas entre sí por áreas verdes, de cultivo y de esparcimiento. El proyecto no se construyó, pero marcó la pauta para otros que, a finales de esa década y desde los años 50 hasta mediados de los 60, proyectaría Mario Pani. Con una formación muy distinta a la de Legarreta y Meyer, Pani había estudiado a principios de siglo en la Escuela de Bellas Artes de París. A su regreso a México realizó varios proyectos habitacionales y de arquitectura pública. En 1949 proyectó el Conjunto Urbano Presidente Alemán. En una manzana donde le pedían un centenar de casas, Pani propuso un edificio de 13 niveles que cruza zigzagueando la manzana y es acompañado de otras dos torres y 6 bloques más pequeños con un total de más de mil unidades. Tras el CUPA, Pani diseñará varios conjuntos habitacionales cada vez de mayor tamaño, como el Centro Urbano Presidente Juárez, en la colonia Roma, deprimiendo el paso de una calle de la ciudad para conseguir la continuidad del conjunto o el Centro Habitacional Nonoalco Tlatelolco, ya en los años 60. Pero algunas propuestas en las que los bloques de vivienda u oficinas se conformaban en composiciones urbanas con referencias probablemente más clásicas que modernas, como en el crucero del Paseo de la Reforma y la avenida de los Insurgentes, no llegarán a realizarse.

Uno de los proyectos más interesantes en el uso de la vivienda como bloque de construcción, ya en los años 90, es el que hiciera Alberto Kalach para el Peñon Paraíso, un promontorio al sur oriente de la ciudad de México que, como otros más de la ciudad, ha sido poco a poco ocupado por vivienda, en su mayoría en asentamientos informales. La propuesta de Kalach sumaba dos requerimientos, el ideal: proteger ese terreno de futuras invasiones, y el real: satisfacer la necesidad de vivienda. Sumados esos dos requerimientos dan un resultado a la vez lógico y sorprendente: una muralla construida por unidades de vivienda. A la manera del Plan Obús que Le Corbusier pensara para Argelia, donde el proyecto podía leerse a dos escalas distintas, la de la ciudad, en la que funciona como una infraestructura de transporte que organiza el tejido urbano y su relación con el territorio de la región, y la de la vivienda, en la propuesta de Kalach para el Peñón Paraíso la mayor amenaza para el pequeño monte se convierte en su protector.

Cuando se invitó al concurso para el Arco del Bicentenario en México, Michel Rojkind nos invitó a su vez a Arturo Ortiz y a mí a plantear un proyecto que no buscaba, como parece evidente, ganar, sino criticar la idea atrás del monumento. La negativa al monumento, al menos entendido de la manera premoderna, se transformaba en una afirmación del espacio público como espacio de confrontación y de construcción de ciudadanía. El resultado, una topografía que se generaba por la intersección de varios arcos de distinta forma, altura e inclinación, se pensó no como un monumento vacío sino construido fundamentalmente de unidades de vivienda: un conjunto habitacional con 10 mil unidades, en uno de los puntos más importantes de la ciudad, donde podrían vivir personas que actualmente invierten entre 3 y 5 horas diarias en transportarse de sus casas a su trabajo y de vuelta a su casa. El tiempo recuperado, idealmente, podría dedicarlo cada uno a la construcción de sí mismos como ciudadanos libres, independientes y críticos, ayudados por programas y servicios extra que serían parte del monumento. ¿Qué mejor forma, pensamos, de conmemorar los doscientos años de la independencia y los cien de la revolución, que construir una máquina productora de ciudadanos? Y eso, la construcción de nuevas ciudadanías, ha sido, pienso, uno de los temas centrales de la preocupación moderna por la vivienda como unidad y, más allá, como bloque de construcción de la ciudad.

Sobre el autor:

Alejandro Hernández Gálvez es arquitecto. Fue becario del FONCA en el programa de jóvenes creadores en 1994. Finalista en los concursos del Zócalo y, con F304, de la Biblioteca José Vasconcelos y ganador del concurso para Centro, escuela de diseño, cine y televisión. Ha participado en la exposición Mexico City Dialogues en Nueva York, y en las bienales de Arquitectura de Rotterdam, São Paulo, Canarias y Venecia. Fue editor de la revista Trazos; es miembro del consejo editorial de Arquine y columnista del periódico Reforma. Es profesor de teoría y proyectos en las escuelas de arquitectura de las universidades Anahuac e Iberoamericana de la ciudad de México. Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Creadores. Blog: otrootroblog.blogspot.com | Twitter: @otrootroblog

Sobre las ilustraciones

Forman parte del proyecto presentado por Michel Rojkind, Arturo Ortiz y Alejandro Hernández Gálvez para el concurso del Arco del Bicentenario en México (2010).