La diagonal como símbolo de la ciudad moderna

Notas sobre el proyecto de Avenida Central de J. Daniel Infante1

Escrito por: Bibiana Ponzini

Ilustrador: Luis Lleonart

Para 1910, los rosarinos se comprometían, entusiastas, en distintos emprendimientos conmemorativos del Primer Centenario: la Biblioteca Argentina y el Hospital del Centenario dan cuenta de ello, aunque el ansiado Monumento a la Bandera debería esperar todavía varias décadas2. Luego de la construcción del nuevo puerto, el empeño de los grupos dirigentes se concentró en embellecer la ciudad y en postularla como sede de la capital provincial, lo que según J. D. Infante contribuiría a “sacarla de un ambiente ultramontano, anticuado, perezoso, indiferentista, para colocarla en un ambiente liberal, moderno, activo, apasionado”3. Esta percepción de la ciudad se respaldaba en el crecimiento poblacional producto del flujo inmigratorio, así como en su condición de principal puerto exportador de granos del país, su intenso movimiento comercial y una importante vida cultural.

La Memoria del intendente Quiroga de 1910 da cuenta de las preocupaciones centrales respecto de la ciudad, informa sobre las mejoras que ya se llevaron a cabo en plazas y bulevares, y sobre los nuevos proyectos a realizarse: un paseo para el barrio Arroyito, un “plan general de embellecimiento de la ciudad” encargado al francés M. Bouvard y, “por iniciativa particular del doctor J. Daniel Infante”, una gran Avenida Diagonal.

Tanto la Avenida Central como el Plan de Bouvard concebían la transformación de Rosario de acuerdo a la imagen que el París de Haussmann irradiaba como símbolo de ciudad moderna. De esta manera, el trazado de avenidas y diagonales, conmoviendo el orden de la cuadrícula, será el elemento recurrente junto a la creación de espacios verdes y vías de circulación para el tránsito de los modernos automóviles, motocicletas y tranvías eléctricos que por aquella época recorrían las calles rosarinas.

Al repasar la cartografía de la ciudad producida durante la segunda mitad del siglo XIX, en general, la planta urbana se resuelve a partir de la cuadrícula sin tener en cuenta las particularidades topográficas. No obstante, en el plano “Ciudad del Rosario Ensanche y Puerto Aprobados”, de los agrimensores Werner y Pusso (1890) —confeccionado para la época en que se otorga a J. Canals la concesión del nuevo puerto—, aunque el ensanche se proyecta continuando el damero, se le sobreimprime un nuevo orden producto del trazado de diagonales. La solución adoptada remitía a la recientemente fundada ciudad de La Plata, que algunos rosarinos aspiraban a emular. Canals así lo señalaba cuando, al describir el Palacio de Justicia, advertía que se trataba de “un edificio que no desmerecerá en nada de los muy suntuosos que en épocas recientes se han construido en la Ciudad de la Plata”, cuyo programa se había planteado “de conformidad con el trazado de las ciudades modernas”.4

Esta referencia a La Plata resulta de gran significación para reconstruir el modelo que iría nutriendo el imaginario de la ciudad por venir. En ella se resumen dos aspectos que se replican en Rosario en 1910: el mejoramiento de las cuestiones urbanas y arquitectónicas, y la jerarquización política de la primera ciudad de la provincia. Por esos mismos años el castellano J. Daniel Infante, obligado al exilio por sus ideas republicanas, se instaló en Rosario. Seguramente, debido a su inmediato compromiso con los problemas locales, conoció estos proyectos.

En el marco del modelo urbanístico decimonónico, Infante tuvo en cuenta la construcción de la Avenida de Mayo en Buenos Aries para la definición de su propuesta, que consistió en un único gesto: la apertura de una cesura que dividiría en dos la ciudad, uniendo la Plaza 25 de Mayo con el Parque Independencia. “El primer problema que se me planteó —dice Infante— fue el de decidir si la Avenida, que urgía abrir en nuestra ciudad, debería ser paralela a algunas de las calles existentes o diagonal. En pro de la idea primera teníamos el precedente de la Av. de Mayo”5, pero finalmente decidió que la Avenida, “por construirse, como en las modernas urbes, en dirección diagonal, no sólo contribuirá a embellecer la ciudad y a acortar las distancias, sino que además, dará vida a nuevos barrios, valorizando grandemente la propiedad, y ensanchando el radio central de la población.”6

Embellecer y valorizar resumen las ideas centrales del proyecto que requería 122 metros de ancho: 42 destinados a vía pública y 40 a ambos lados para edificación. En el centro, preveía una plataforma con dos vías de tramways que recorrerían las siete cuadras céntricas; a cada lado, una calzada para un coche estacionado y dos circulando en direcciones contrarias, y veredas de siete metros que contemplaban a los peatones, el arbolado y el mobiliario urbano. La Avenida Central se iniciaba con un Mirador al río, en el que se erigiría el Monumento a la Bandera según el proyecto de Lola Mora y culminaría en el oeste con un “monumento a las glorias provinciales”. Para que las nuevas construcciones ofrecieran “un conjunto de edificación armónica”, Infante imaginó fachadas de cuatro o cinco pisos de altura y aceras “futuristas” al nivel de los primeros pisos con puentes peatonales que permitirían sortear el tránsito vehicular7.

Con la misma vehemencia con que asumió los temas políticos y sociales en los que se involucraba, encaró este proyecto desde una actitud militante. Sus escritos semanales en La Capital dan cuenta de ello, así como de lo minucioso que había sido en su elaboración. Tanto las cuestiones urbanas y técnicas como los aspectos jurídicos, políticos y financieros son pacientemente explicados una y otra vez, a fin de convencer de sus bondades y viabilidad. Tal es el caso del folleto publicado en 1911, resuelto con una representación convincente, didáctica, mediante gráficos coloreados e indicaciones precisas, simplificadas, que facilitan su comprensión.

En el mismo, bajo el título “Proyecto de Avenida Central en el Rosario de Santa Fé”, se destaca en el centro un recuadro con los elementos que ofician de prestigiosos garantes de éxito: los datos de La Urbanizadora Rosarina, los miembros de su directorio y el hecho de que la 1ª serie de acciones ya ha sido cubierta, promoviéndose la venta de la 2ª. A la izquierda, la avenida “parte en dos” el plano de Rosario y a la derecha la sugerente perspectiva de la Plaza de la Nación, con el Monumento a la Bandera, invoca la posibilidad de concretar el viejo anhelo. En la mitad inferior de la lámina, se expone el plano de la avenida en la 1ª y 2ª sección8, superpuesto al loteo existente con el nombre de los propietarios afectados; en color naranja, se indica el área asignada a la avenida y en verde el área para nuevas edificaciones. En otra lámina, se observan la 3ª sección y el proyecto de permutas que organiza el nuevo loteo, asegurando equilibrio entre las superficies permutadas y el frente hacia la avenida.

El plano como instrumento técnico permite visualizar el catastro de la primera década del siglo XX y su reconversión para resolver la operación inmobiliaria, pero ha de considerarse también su dimensión simbólica, la que nutre el imaginario colectivo: del contraste entre las fotografías de la época y el grabado ilustrativo puede inferirse el enorme impacto que el proyecto tendría en la percepción de una ciudad estigmatizada por su uniformidad en planta y altura. Al respecto, un protagonista de esos años, R. Vila Ortiz, decía, entusiasta: “Abrir una Avenida como la proyectada, es transformar un tanto este horrible damero actual, es acortar distancias, facilitar el tráfico, dar desahogo y comodidades, es hacer algo bello que llamaría la atención de los extraños”.9

Sin embargo, la iniciativa fracasaría pronto. La oposición de vecinos influyentes que no querían ver afectadas sus propiedades, la dilación del tratamiento del proyecto a nivel provincial, a lo que se sumaron las diferencias políticas entre Infante y los miembros de la Liga del Sur —que condicionaron también su breve gestión como intendente de la ciudad— y, poco más tarde, la crisis económica producto de la Primera Guerra, clausuraron definitivamente su concreción.

Con ello, tal vez Rosario perdió su oportunidad de trocar su imagen provinciana por cierta impronta de ciudad europea, aunque el Plan Regulador de 1935, diseñado por los arquitectos Farengo, Guido y Della Paolera, demostrará que la cuestión era mucho más compleja. El valor del proyecto de Infante, como el de tantos otros que sufrieron el mismo destino, consistió en su contribución al imaginario de una ciudad deseada, porque si la pensamos, siguiendo a García Canclini, “a la vez como lugar para habitar y ser imaginado”, la ciudad “se vuelve densa al cargarse de fantasías heterogéneas”.

 

Referencias

1. Este artículo resume el trabajo “La ruptura de la grilla”, presentado en las III Jornadas de Ciencia y Tecnología, SCyT, UNR, 2009.
2. En ese marco, en 1909 se había contratado a la escultora Lola Mora para la realización de la obra.
3. Citado por Patricia S. Pasquali: J. Daniel Infante, Editorial Municipal de Rosario, Rosario, 1996, p. 67.
4. Juan Canals: “Propuesta presentada por Don Juan Canals para la construcción de un Palacio de Justicia en la Ciudad de Rosario”, Rosario, julio 1888, citado por Elina Heredia: “La evolución del gusto: la obra del arquitecto Herbert Boyd Walker”, en Informe Final Proyecto PID. Conocer y Cuidar la Ciudad en que Vivimos, febrero 2000, inédito.
5. J. Daniel Infante: “La Avenida Central. Otras Avenidas”, en La Capital, Rosario, miércoles 9 de noviembre de 1910, p. 7.
6. J. Daniel Infante: “La conferencia de hoy en la Bolsa de Comercio por el Dr. J.D. Infante. El proyecto de Avenida Central”, en La Capital, Rosario, sábado 5 de noviembre de 1910, p. 8.
7. Aclaraba que no sería necesario afectar a los dueños de propiedades “que las tengan construidas de manera que realicen el deseo de que la Avenida Central ofrezca un conjunto de edificación armónica (…). Así, p.e., ni á la Bola de Nieve, que ya tiene hecha su construcción, ni al Jockey Club, ni la Casa Standt, ni á La Rosario, ni al Banco de Italia, ni á la Panadería La Europea, que se dispone a hacerla, ni á La Germania, si a lo mismo se dispusiese, (…) lo único que habría derecho a pedirles sería que contribuyesen, en la proporción correspondiente, á costear la parte de la vía pública” en tanto se valorizarían con la construcción de la Avenida. (J. Daniel Infante, manuscrito, s/f)
8. Las secciones responden a etapas de construcción: se empezaría por los extremos, de modo que ya existiera una buena cantidad de inmuebles para ubicar a los nuevos afectados cuando se demoliera el siguiente tramo.
9. La Capital, Rosario, miércoles 16 de noviembre de 1910, p. 7.

Bibliografía:
Álvarez, Juan, [1943] 1998: Historia de Rosario (1689-1939), Rosario, UNR Editora / Editorial Municipal de Rosario.
García Canclini, Néstor, 1997: Imaginarios urbanos, Buenos Aires, Eudeba.
Infante, J. Daniel, manuscrito, s/f: “Avenida Central. Explicación que acompaña a los planos de las tres secciones”.
Pasquali, Patricia S., 1996: J. Daniel Infante, Rosario, Editorial Municipal de Rosario.
Quiroga, Isidro, 1911: Memoria presentada al H.C. Deliberante por el Intendente Municipal correspondiente al año 1910, Rosario, Talleres de la Biblioteca Argentina.

Sobre la autora:

Bibiana Ponzini es Arquitecta y docente-investigadora en el área Historia de la Arquitectura, Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño de la Universidad Nacional de Rosario. Actualmente se desempeña, además, como Secretaria de Autoevaluación de dicha institución.

Sobre el ilustrador:

Luis Lleonart (Rosario, 1963) es Arquitecto egresado de la UNR, donde se desempeña como Jefe de trabajos prácticos en las cátedras de Proyecto Arquitectónico 1 y de Expresión Gráfica 2 de la Facultad de Arquitectura. Ha publicado trabajos de ilustración e historieta en medios nacionales e internacionales (revista Fierro; diario La Capital; Ediciones Colihue; Rosario Ilustrada, EMR). Expuso sus trabajos en distintos espacios culturales y locales comerciales (Museo Castagnino, Centro de Arquitectura y Diseño, Cine El Cairo, Don Ferro, locales Archie Reiton). Participó de las siguientes obras colectivas que fueron proyectadas y premiadas en varios festivales de animación: The Planet, Seis Canciones, con música de Juana Molina, y Silent Animations. Además, su obra Frente al río sacó el 1° premio en el Concurso de cortometrajes "Rosario en 10 minutos" organizado por el Colegio de Escribanos de Rosario y el Centro Audiovisual Rosario en 2006. También realizó trabajos de diseño gráfico e imagen corporativa para las empresas Archie Reiton, Centrum, El Jardín de Los Niños, Biblioteca Ele, Editorial del libro electrónico. En la actualidad, trabaja como arquitecto independiente y coordinador de proyectos del área de cultura de la Unidad Ejecutora de Proyectos Especiales del Ministerio de Obras Públicas de la provincia de Santa Fe. Su blog es mausdigital.blogspot.com