Segundo Plano

Un proyecto que sugiere nuevos mapas y recorridos de la cultura de nuestras ciudades.

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Managua, dos cuadras al lago

Por Adolfo “Fito” Taleno Mejía

“Todo parece casi seco en el planeta, en esta fragua, y sin embargo mana agua, mana agua, mana agua en Nicaragua.” Daniel Viglietti, cantautor uruguayo

Managua es una ciudad sin centro, sin avenidas ni calles numeradas, ciudad sin nomenclatura. No recuerdo dónde exactamente escuché esta anécdota, seguramente en alguna de las pláticas sobre músicos y músicas que teníamos en una de las tantas noches o días haciendo programas de radio en la extinta radio pirata 99.9FM (1990 o 1991 – 2003 o mediados de 2004), que dejó de sonar en Managua… pero el cuento era que U2, el famosísimo grupo de rock, había escrito esa canción: where the streets have no name, donde las calles no tienen nombre, y que estaba inspirada en nuestra caóticamente ordenada Managua; además que Bono, voz líder de la banda, había visitado Managua y algún lugar más del país en el 86, 87 u 88. Si la canción está o no inspirada en Managua, yo no lo sé, pero el cuento era y es tuani, pijudo (muy bueno). Pensar que Managua fuera fuente de inspiración y se diera a conocer por medio de la música de tan importante grupo: una mítica anécdota que nos llenaba de orgullo.

En esta ciudad que le da la espalda a un maravilloso lago de agua dulce, Xolotlán —triste y erróneamente contaminado, pero en un esperanzador y urgente proceso de limpieza—, todas las direcciones son por referencias, incluso de lugares que ya no existen, “de donde fue el Arbolito media cuadra abajo”, “de donde fue la Vicky 2 al sur”, pero todos sus habitantes saben dónde fue el Arbolito o dónde fue la Vicky, en esta ciudad que nunca volvió a ser la que destruyó el terremoto de la madrugada entre el 23 y 24 de diciembre de 1972. La gente vive su referencialidad con mucho apego a la memoria de sitios que existieron, entremezclada con el surgimiento de nuevos puntos de referencia, por lo que no es extraño que algunos barrios tengan dos o tres nombres de acuerdo a la época: el tiempo de dictadura, el tiempo de la revolución, los 90 y ahora, nuevamente, se superponen los nombres de héroes y mártires de antes y durante la revolución.

Arriba, donde sale el sol; abajo, donde se pone el sol; al lago, siempre es el norte; y al sur, para la montaña. Managua es una mancha de construcciones horizontales que creció sin ninguna planificación y jamás se concretaron los planes de su reconstrucción y reordenamiento. La guerra urbana en el proceso de derrocamiento de la dictadura/dinastía de los Somoza (1934-1979), los bombardeos indiscriminados, los combates cuadra a cuadra. Ya logrado el triunfo de la revolución y, a partir de 1980, con el escenario de guerra en el centro norte y costa Caribe del país, la ola de migración campo-ciudad no se hizo esperar; migración que continuó en la década del 90 dando como resultado el surgimiento de asentamientos clandestinos, donde la necesidad de un lote para construir una casita y el tráfico de tierras se convirtió en un modo de vida. El establecimiento de urbanizaciones y condominios con “todo incluido” en las afueras de la ciudad, la mancha urbana que se traga las ex comarcas, lo que antes fueron zonas de cultivos y bosques.

Para los y las que nacimos después del terremoto del 72, crecimos escuchando las míticas historias de lo que era Managua, de su desarrollo y orden arquitectónico, cosas que nosotros, los jóvenes, escuchamos pero nunca comprenderemos a plenitud. Entender lo que era la arteria de una avenida Roosevelt (el primero de los Somoza dispuso llamar así la avenida principal de la ciudad para congraciarse con el entonces presidente de Estados Unidos), actualmente avenida Sandino; esa Managua del gran hotel, de la actividad económica de su centro, de la emblemática tortuga morada, refugio y morada del movimiento hippie y rockero de la época; de esa Managua dan cuenta las siempre presentes crónicas periodísticas que deben circular casi obligadamente en diciembre, en vísperas del aniversario de la fatal hora y día en que Managua dejó de ser para no ser más.

La ciudad sigue existiendo, sin grandes edificios, apenas unos cuantos, con su particular modo de indicar direcciones y con la memoria puesta en lo que fue. En esta ciudad que es verde, muy afortunadamente, donde los árboles son una grata compañía para poder soportar el clima tropical, donde el verano de marzo y abril se vive casi en cámara lenta, es imperioso que sus habitantes cuiden y favorezcan la naturaleza por sobre el cemento.

La acción cultural de Managua es diversa, en tanto espacio territorial; los artistas y gestores culturales son los grandes motores de una propuesta que se nutre de presentaciones montadas valientemente. Ellos crean y recrean la cultura en una Managua verde y calurosa.

Adolfo “Fito” Taleno Mejía (Nicaragua, 1978). Investigador sociocultural. Productor y presentador del programa radial “Pijudito: Voces y Sonidos del Mundo” (Pijudito: de pijudo, palabra nicaragüense para definir excelencia en alguna cosa o acción, término casi en desuso, utilizado especialmente por los/as campesinos/as; ejemplo: “qué pijudita te quedó la comida”.) por Radio Universidad 99.5 y 102.3 FM/ www.ladelcolor.com – Managua. Asiduo caminante. Actualmente, usa y promueve la bicicleta como medio de transporte, a pesar del tráfico tormentoso, los policías acostados (reductores de velocidad, sin señalización), y de haber sido víctima de una o dos caídas. Está convencido de que es posible vencer el miedo a que en cualquier momento te puedan asaltar.
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Fitopijudito Huitzilopochtli