Segundo Plano

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La ciudad de las puertas

Por Germán Rampo.

Es bien conocido por todos que Rosario tiene una variada oferta cultural desde lo institucional, ya sea público o privado. Hay opciones para todos los gustos y edades durante todo el año. Pero también, más allá de ese circuito formalmente instituido, subyace una Rosario no menos vasta y cautivante. Florecen a cada paso grupos de música que se autogestionan —sé de buena fuente que existen unos dos mil grupos de rock y, seguramente también, otros tantos de distintos estilos musicales—; grupos de teatro que se presentan en salas, bares, plazas, parques o donde haya un lugarcito; artistas urbanos que intervienen el espacio público dejando su impronta; espacios de arte donde se canaliza parte de toda esa marea productiva; además de muchas otras formas de expresión y celebración.

Dada la ebullición constante en que vive a nivel cultural, sumado a que aún conserva una escala humana, la ciudad permite y propicia el encuentro; y esto se da a cada momento. Es común cruzarse con amigos o conocidos por la calle, o en algún evento, o simplemente en un bar. Las noticias boca a boca corren rápido cuando hay alguna propuesta interesante o alguien ha tenido una idea brillante.

Como la ha definido un amigo que cierta vez estuvo visitando la ciudad: “Rosario es la ciudad de las puertas”. Hay una cantidad importante de hechos culturales, usualmente desconocidos por la mayoría de los transeúntes, que ocurren tras esas puertas que cruzamos a diario; normalmente lo ignoramos, pero una vez abiertas descubren un pequeño mundo digno de conocer y disfrutar.

Imaginen a este visitante recién llegado, deja sus cosas en casa de amigos, sale para conocer una feria de diseño donde también hay un dj haciendo lo suyo; de allí rebota rápidamente hacia la inauguración de la muestra de un artista emergente a punto de abandonar esa categoría donde unos músicos hacen un show acústico y, a la noche, participa de una fiesta a la que el público acude con un look muy particular. Este fue su recorrido, podrían haber sido muchos otros, ya que muchas posibilidades han quedado fuera del periplo.

Aquel visitante, entre agradecido y entusiasmado por haber participado, en tan corto tiempo, de varios eventos semiescondidos que la ciudad guarda detrás de sus puertas, esbozó esta definición. Aquellas acciones reservadas sólo para los que saben que eso está ahí, se le habían revelado y así había podido conocer una Rosario que no siempre figura en las guías de viaje.

Es así, Rosario tiene muchas puertas, solo hay que saber tocar a las que son más interesantes y sumergirse en un minestrón de pintura, fotografía, literatura, video, teatro, danzas y tantas otras cosas más que están esperando por nosotros ahí atrás: sí, sí, detrás de esas puertas que si bien no niegan, a veces, esconden. ¿Se animan a abrir algunas?

Germán Rampo nació a mediados de los 70 en Máximo Paz, Santa Fe. Actualmente vive y trabaja en Rosario. Hace varios años le dedica parte de su vida a la fotografía, investigando sobre temas como: pinhole, cámaras oscuras y uso no convencional e intervención de dispositivos fotográficos. Si bien, su línea de trabajo está dirigida a escudriñar técnicas bastante artesanales de la fotografía, no reniega del uso de la tecnología en función de la obra. Se ha formado con Roberto Camarra en CC Recoleta en Bs. As. y con Andrea Ostera y Laura Glusman en Rosario.

www.germanrampo.com.ar