Segundo Plano

Un proyecto que sugiere nuevos mapas y recorridos de la cultura de nuestras ciudades.

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Ruta de Nadie

Por Nadie

San Salvador es una ciudad pequeña donde, según sus habitantes, caminar cinco cuadras es caminar lejos. En quince minutos se puede ir del desorden y el bullicio del centro a la relativa calma de los centros comerciales que se han vuelto sustitutos de espacios públicos para la clase media. En San Salvador se camina rápido porque cada minuto menos en la calle es menos probable morir. La lucha por subirse al bus en la parada es, en el fondo, una lucha por vivir otro rato más, sobre todo si comienza a oscurecer.

A San Salvador no se le puede querer sin condiciones. Es difícil encontrar un lugar donde sentirse totalmente tranquilo. Siempre habrá un vigilante que corrija la manera de sentarse, que determine si se puede entrar o no a equis lugar. Siempre habrá alambre razor sobre los muros. Siempre habrá una mirada sospechosa que personifique ese peligro del que tanto hablan en las noticias. Pero, nunca pensaremos en la posibilidad de que ese seño fruncido sea la máscara, el mecanismo de defensa, contra el miedo que nosotros mismos inspiramos.

Es fácil odiar esta ciudad. Es difícil encontrarle algo bello. Sin embargo, si uno desafía por unos minutos la muerte y las contaminaciones, si uno pretende no escuchar el caos por un momento, se pueden descubrir detalles, lugares, personas y costumbres que nunca antes se vieron con belleza; y cuando el ruido comienza a irrumpir nuevamente y el latente peligro paranoico acelera el ritmo cardiaco, uno ya ve esta ciudad como por primera vez, como recién descubierta y ya no sólo se le odia, sino también, a la vez, se le ama.

Gente amontonada en el pequeño lobby del teatrito, comentando. Grafiteros calcando a Banksy en la Escuela de Artes, firmando la arquitectura del siglo pasado, coloreando sus muros irrelevantes. Anarquistas de Facebook escribiendo versos de poetas en las calles. Enlaces compartidos en todas las redes sociales de obras de arte que se nos han ocurrido pero que otros han realizado ya. Empresarios de ropa usada manteniendo útiles los edificios del centro. Jóvenes dramaturgos demasiado metafóricos, jóvenes de 35 años. Recitales poéticos religiosamente todos los miércoles en una taquería. Tardes juveniles en Kairo’s Discoteque. Café en el centro comercial, o en el Photo Café, o en el Café La T, o en el Mister Donut, o en La Panetière, o en El Rosario, o en donde sea que vendan café. Cervezas en El Búnker, que nadie sabe dónde queda ni si aún existe, pero que todos han visitado; desde periodistas hasta poetas; de balletistas a catedráticos universitarios, a jovencitos de talleres de teatro que se atreven a salir de noche y a bailar.

Uno ama la música a todo volumen en el transporte colectivo: banda sonora de bachatas que ameniza los atropellos, los malos tratos, los roces de senos, con nalgas con caras, los asaltos. Uno ama la estrategia mercadológica por excelencia: payasos en las entradas de ventas de electrodomésticos atrayendo clientes con chistes y cumbias. Se aman las paredes tapizadas de películas piratas, las señoras midiéndose las cinturas de los pantalones en el cuello; los gritos en las plazas, los murales en iglesias, los volantes repartidos de mano en mano que anuncian, desde hace mucho, el final de los tiempos.

* Escritor, artista visual, bloguero. Tiene publicado el poemario Aun los espacios vacíos tienen aire, ganador del concurso literario Gallo Tapado, septiembre 2009, Centro Cultural de España en El Salvador. Obtuvo el tercer lugar en el XI Arte Joven por la obra Naturaleza muerta, creada en conjunto con Efraín Caravantes, octubre 2010, CCESV. Participó en Managua y San Salvador del poético festival 2010 Poetas por km², organizado por Arrebato Libros de España en septiembre y octubre de 2010. Tuvo la exposición individual de fotografía Nadie, parte del festival Esfoto 10, en el café La Rayuela, septiembre 2010; y la exposición colaborativa Lorem ipsum, en conjunto con Eduardo Chang, abril 2011, CCESV. Nadie es Javier Ramírez.