Vivir en Común

El proyecto Vivir en Común es, justamente, una invitación a recorrer las distintas ciudades dentro de una ciudad, a viajar de un continente a otro a través de la mirada particular de quien escribe, narra o captura con la lente de la cámara su experiencia como habitante, paseante, visitante extranjero, flanêur o cronista, a fin de encontrar en los intersticios de la urbe nuevas imágenes que rompan con las representaciones incrustadas en los imaginarios.

Se trata de contribuir a la imprescindible tarea de pensar “la vida en común” en nuestras ciudades, en las cuales interactuamos con sus paisajes culturales, sus posibilidades y sus desigualdades.

Con una producción en red que pone en diálogo textos y narrativas audiovisuales se procura una ensayística que explore la idea de ciudad como categoría desde la cual reflexionar sobre la sociedad, incluyendo no sólo el espacio público sino también los espacios privados —sean comerciales, familiares, íntimos y subjetivos— en los que se desarrollan nuestras vidas.

Manuel Cruz coloca la piedra basal del proyecto, invitando a reconsiderar la vieja antinomia campo/ciudad y la extraña “naturalidad” de lo artificial para los seres urbanizados hace varias generaciones, en la ciudad como nueva naturaleza.

A partir de allí se puede deambular sin rumbo fijo por el proyecto: una opción es andar por  la vereda que se estremece para descubrir tres acciones puntuales que forman parte de la cotidianeidad limeña: comprar, viajar y amar, mientras la brisa canta déjame que te cuente…

Otra propuesta muestra las contradicciones de la ciudad más latina de América del Norte, Miami, repleta de matices dibujados sobre un enorme mosaico cultural.

En el corazón de Argentina, la eterna lucha entre pasado y futuro tiene lugar en un barrio de Córdoba. A raíz del boom inmobiliario surge un espacio transicional suspendido entre esos dos tiempos y oculto detrás de un vallado que ha sido sorteado por la mirada subrepticia de los espías.

Por otro lado, los defectos del pavimento dejan entrever en las calles y avenidas de Asunción del Paraguay el fuego de la tierra roja que acoge una ciudad que brota y se esparce desde una semilla psicodélica.

En el único país centroamericano sin costa sobre el Mar Caribe, y uno de los más densamente poblados de América Latina, el clima tropical no responde al mismo imaginario que en sus países vecinos: San Salvador también puede ser la ciudad de la furia a través de un viaje gótico por la ciudad de Alado.

Al noreste de El Salvador, en Puerto Rico, hay una ciudad amurallada que lleva por nombre San Juan; desde allí se tiende un puente epistolar hasta Malabo, la capital de Guinea Ecuatorial, donde nada separa y nada se para.

En efecto, nada se detiene y menos las ciudades: no descansan, siempre están en movimiento, como este proyecto que seguirá incorporando más ciudades y miradas.